Atención Psicológica de niños, adolescentes, adultos y adultos mayores

La pregunta postergada:

Tenemos en nuestras manos la oportunidad de crear nuevas formas de pensar y transitar el envejecimiento.
Si bien envejecemos desde mucho tiempo antes de tener registro de ello, existen ciertos momentos de nuestras vidas a partir de los cuales el paso del tiempo se nos hace más evidente. La independencia de los hijos, la vejez de nuestros padres, la jubilación, alguna señal corporal, el debutar como abuelos, etc.
Compartimos culturalmente un estereotipo de vejez cargado de prejuicios. Estereotipo que iguala vejez con pasividad, enfermedad y resignación. Esto tiene efectos en nuestra subjetividad, en nuestro modo de posicionarnos frente al propio envejecimiento y el de nuestros seres queridos.
Somos testigos de un fuerte contraste entre la representación que tenemos de los adultos mayores y las personas reales que observamos actualmente transitar sus 60 ó 70 años -y aún mas también- con proyectos, deseos renovados y haciendo, muchas de ellas, pleno ejercicio de su autonomía.
Los propios prejuicios hacia la vejez pueden, con el paso del tiempo, transformar a una persona de victimario en víctima ya que, a medida que las décadas avancen, el efecto siniestro de estos pensamientos se hará cada día más presente, manifestándose de diferentes maneras: angustia, desesperación, caídas, depresión, estados de ansiedad, aislamiento, dificultad para relacionarse con generaciones más jóvenes e incluso con personas de la misma generación. Por tal motivo resulta conveniente, apuntando a la prevención de modos patológicos de envejecer, comenzar a revisar ideas enquistadas, fantasías y certezas acerca de qué significa para esa persona envejecer.
Ahora bien, es muy frecuente que ciertos planteos surjan a partir de la idea de consultar a un psicólogo después de los 60 años... ¿no será tarde?, ¿para qué a esta edad?, ¿es posible a esta altura cambiar algo?
En muchas personas postergar es un ejercicio cotidiano. A partir de la mediana edad la temporalidad empieza a dimensionarse de otra manera. Allí es cuando algunas temáticas, hasta ese momento irrelevantes, comienzan a adquirir protagonismo.
Actualmente los adultos mayores enfrentan el desafío de crear novedosos estilos personales de transitar esta etapa que, gracias a los avances de la ciencia, puede extenderse por varias décadas.
Consultar a un psicólogo en esta etapa de la vida significa permitirse formular preguntas que inauguren un nuevo camino, ¿qué estoy haciendo con mi vida?, ¿qué deseo hacer? Es una oportunidad para construir un espacio personal de reflexión en el cual poder desplegar inquietudes hasta el momento silenciadas, preguntas hasta hoy postergadas.

Lic. Luciana Machluk
Psicoanalista

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